HISTORIETAS LOCALES, 13 RIFIRRAFE EN LA PUERTA DE LA CATEDRAL
El anciano don Antonio Mira de Amescua volvió a Guadix el 16 de junio de 1632 para ocupar el cargo de arcediano de la catedral, después de veinticinco años de ausencia de su patria chica, cansado de la vida cortesana intensamente vivida en Madrid y Nápoles. Como tenía que demostrar limpieza de sangre, el testimonio de treinta y un testigos suplió el defecto de su ilegitimidad, pues era hijo de un caballero hidalgo y su criada (más que probablemente morisca). Antonio Mira de Amescua era entonces un mito del teatro nacional, envidiado por Cervantes, que lo llamaba “honra singular de nuestra nación”. Con casi sesenta años, se refugió en su ciudad natal esperando disfrutar del reconocimiento de los accitanos, como gloria local, y vivir sus últimos años . Pero no encontró en Guadix más que la indiferencia de sus paisanos y fue víctima de los chascarrillos propios de los cabildos pequeños, lo que le irritaba. El doctor gustaba de presumir de su fama y sus títulos, era de cará...